Historias bíblicas por capítulo.

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Salmos 83 Antiguo Testamento

El Salmo del Cronista

El aire en la cámara alta olía a polvo seco y a cera de abejas. Asaf, el cronista, no escribía; sus manos, surcadas de venas y años, reposaban sobre el pergamino vacío. Desde la pequeña ventana, el último resplandor del día moría...

El Salmo del Corazón Quebrantado

El crepúsculo se arrastraba por las ventanas altas del palacio, un polvo dorado y triste que se posaba sobre los tapices y enfriaba los mármoles. David estaba solo, o más bien, era la soledad hecha hombre en aquella estancia demasiado...

El Sermón del Alba

El alba no llegaba con estruendo, sino como un susurro de luz que iba desgastando los bordes más oscuros de la noche. Elías, sentado en su habitual piedra plana frente a la pequeña heredad, sentía el frío húmedo del suelo subir por...

Memoria en la Ceniza

El sol, un disco opaco tras un velo de polvo, se hundía sobre el desierto. El calor del día cedía, pero no así el frío que ahora habitaba en mis huesos. Me acomodé en el montón de cenizas, el áspero roce de ellas contra las llagas...

El Banquete de la Verdad

El aire en el aposento real era denso, cargado con el aroma dulzón del vino y de los manjares que ya nadie tocaba. Una tercera copa de oro, medio llena, reposaba frente al rey Asuero, quien reclinado sobre los cojines de púrpura,...

2 Crónicas 2 Antiguo Testamento

El Sueño de Cedro y Piedra

El sol de la mañana se posaba sobre Jerusalén con un peso dorado y polvoriento. Salomón, saliendo de sus aposentos, sentía el mármol fresco bajo sus pies descalzos, pero en su pecho ardía una brasa de inquietud sagrada. No era el...

2 Reyes 24 Antiguo Testamento

El Crepúsculo del Reino

La piedra de la explanada del Templo aún guardaba el calor del día, un calor pesado y polvoriento que subía por las sandalias. Zacarías, hijo de Yehoyarib, apoyaba la palma de la mano en un sillar, sintiendo su áspera textura, y...

El Mensaje en el Barro

La lluvia había convertido el camino de Siquem en un lodazal oscuro. No era la lluvia buena, la que cae mansa y promete vida a los surcos; era una lluvia espesa, cortante, que golpeaba como un castigo contra la tierra reseca del reino....

El Arca y la Danza del Rey

El arca había estado tanto tiempo en Quiriat-jearim que los más jóvenes apenas recordaban su historia. Para ellos era una reliquia, una caja grande y dorada guardada en la casa de un tal Abinadab, donde su hijo Eleazar la vigilaba con...

Deuteronomio 24 Antiguo Testamento

La Ley en la lana

El sol de la tarde, un disco de cobre gastado, se inclinaba sobre las colinas de Judá, alargando las sombras de los almendros hasta convertirlas en dedos oscuros que arañaban el polvo del camino. En el lomo de la cuesta, la aldea de...

Números 28 Antiguo Testamento

El Latido del Altar

El sol, un disco pálido tras la bruma matutina, empezaba a calentar las piedras del desierto cuando Aarón, mi tío, apoyó su mano huesuda en mi hombro. El peso de aquella mano, seca y surcada de venas, era el peso de una responsabilidad...

Éxodo 31 Antiguo Testamento

El Espíritu en las Manos de Bezalel

El aire en la base del monte aún olía a trueno y a piedra calcinada. Una quietud expectante, pesada como un manto de lana húmeda, se había adueñado del campamento. Moisés había ascendido de nuevo, desaparecido entre las nubes bajas...

El Pacto y el Nuevo Nombre

El calor se posaba sobre la llanura de Mamre como una manta pesada y antigua. Abram sentía el peso de los años en sus huesos, un cansancio que no era solo del cuerpo. Noventa y nueve veranos habían pasado sobre su cabeza, cada uno...

Cartas en la Prisión: Pablo a Timoteo

La humedad del calabozo se impregnaba en todo, un frío que calaba los huesos y no tenía que ver con el invierno que asomaba allá fuera, en Éfeso. Un olor a hollín, a cuerpo enfermo y a aceite rancio de lámpara se mezclaba en la...

Romanos 16 Nuevo Testamento

Los Nombres de la Gracia

El aire en la estancia era espeso, cargado del olor a aceite de lámpara, cuero envejecido y el tenue aroma a incienso que siempre se le pegaba a la ropa de Erasto, el edil de la ciudad. Tercio, con los dedos entintados y una leve punzada...

El Testigo del Jordán

Lo recuerdo como si fuera ayer, aunque de aquel entonces me separan más años de los que puedo contar. No era más que un muchacho, con la sangre caliente y la cabeza llena de las preguntas que nos atormentaban a todos bajo el sol...

La Transfiguración y el Niño Endemoniado

La ladera aún guardaba el fresco de la noche. Pedro, con las sandías llenas de polvo fino y blanco de aquel camino pedregoso, se detuvo para ajustar la tira de cuero que se le había soltado. Más arriba, Jesús caminaba con una...

La Montaña de las Bienaventuranzas

El sol de Galilea no calentaba aquella mañana, sino que pesaba. Era una losa de bronce incandescente sobre los hombros y la nuca de la gente que subía, lentamente, por la vereda polvorienta. El aire olía a tierra reseca, a romero...